23 junio 2014

Dejo en esta entrada del blog el artículo que apareció el pasado domingo 22 de junio en el Diario La Rioja. El artículo ha recibido bastantes comentarios positivos. Me quedo con uno de Pablo Simón, politológo riojano, que escribió: "El artículo de la homeopatía era un deber moral y científico" Pues eso:

"Estamos hechos de materia. Todo lo que nos rodea, los seres vivos –y, por supuesto nosotros mismos-, somos materia. A lo largo de los siglos el hombre ha ido desentrañando la constitución de esa materia y también su comportamiento. Cuando olemos un buen vino, multitud de moléculas volátiles interaccionan con nuestro sentido olfativo y nos producen una agradable sensación. Cuando lo saboreamos, una gran variedad de compuestos químicos hacen lo propio en nuestro sentido gustativo. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos miles de procesos químicos se desencadenan en el cuerpo y hacen posible nuestra vida tal y como la conocemos. Y en todos estos procesos unas moléculas interaccionan con otras para producir modificaciones en sus estructuras y obtener nuevos compuestos.

La Ciencia nos ha permitido ir descubriendo poco a poco la complejidad de todos estos procesos y, lo que es más importante, nos está permitiendo saber qué es lo que sucede cuando nuestro cuerpo enferma. Todos los procesos bioquímicos y todas las reacciones químicas suceden porque unas moléculas interaccionan con otras. Si no hay molécula no hay reacción. Así de sencillo. Detrás de la farmacología moderna hay siglos de conocimiento desarrollado por numerosas disciplinas científicas: Química y Bioquímica, Biología, Física, Medicina, Matemáticas… Todas dan soporte y validez a cada uno de los pequeños pasos que la humanidad da para paliar y/o erradicar las enfermedades.

Diseñar un fármaco que funcione y sea útil para paliar una determinada enfermedad es muy costoso, tanto en tiempo como en dinero. La media de tiempo de desarrollo de un medicamento ronda los 16 años, y se ensaya la nada desdeñable cantidad de unos 10.000 compuestos. En dinero la cantidad ronda los 1.000 millones de euros por fármaco. Las pruebas que pasan son cada vez mayores; los consumidores así lo debemos de exigir, de manera que, cuando adquirimos un medicamento, el prospecto nos informa de múltiples detalles, incluyendo la dosis que debemos tomar, las contraindicaciones, los efectos secundarios… Tanta información que a veces nos asusta.

Sin embargo, cuando se compra un tratamiento homeopático no nos vamos a asustar por las indicaciones del envase. No hay nada que encontrar sobre efectos secundarios o sobre qué hacer en caso de sobredosis tal y como lo hallamos en los prospectos de los medicamentos habituales. De hecho no vamos a encontrar ni tan siquiera una molécula de un principio activo que vaya a interaccionar con nuestro cuerpo. Conocemos desde hace tiempo el número de moléculas que hay en una cantidad dada de sustancia. Así, sabemos que en unos 342 gramos de azúcar hay más o menos unas 6x1.023 moléculas. Es decir, un 6 seguido de 23 ceros. Son muchas, pero si diluimos el azúcar de la forma en la que se hacen los “medicamentos” homeopáticos llegaremos a no tener ninguna molécula. La homeopatía está hecha a base de diluciones. Se empieza tomando una parte de cien de la disolución del supuesto principio activo y se vuelve a diluir a cien. Se vuelve a tomar una sola parte y así sucesivamente hasta 15, 30, 35 veces. Esta progresión es tal que, en las últimas diluciones, tendríamos la misma posibilidad de encontrar una molécula en el preparado homeopático como de encontrarla en toda el agua de los océanos de la Tierra. Cualquier análisis químico, por muy sensible que sea, no encontrará compuesto en las píldoras homeopáticas.

No existe tampoco la supuesta memoria del agua que algunos reclaman como desencadenante de la acción de la homeopatía. Las moléculas de agua interaccionan débilmente entre sí pero se mueven tan rápido que en un segundo no apreciaríamos nada. Para distinguir ese movimiento deberíamos estar en la escala del picosegundo (billonésima parte de un segundo).

No solo no hay ningún compuesto activo; es que, aunque lo hubiera, no existe ninguna evidencia de su acción. La teoría homeopática no tiene ninguna base científica ni de sentido común: siguiendo el principio de lo similar se cura con lo similar, sostiene que los mismos síntomas que provoca una sustancia tóxica en una persona sana pueden ser curados por un preparado con la misma sustancia. En más de 200 años la homeopatía no ha sufrido ningún avance científico. Esto contrasta con el extraordinario progreso en el mismo periodo de la Medicina con hitos tan sobresalientes como el descubrimiento de la penicilina.

No hay ninguna publicación científica de prestigio, que no haya sido refutada, que indique la acción y el mecanismo de acción para la homeopatía. La Física, la Química, la Biología están en contra, la evidencia también. No existe el elixir de la eterna juventud, no tenemos la piedra filosofal. No estamos en una galaxia muy, muy lejana. La “Fuerza” no existe. Puede resultar reconfortante y esperanzador pensar que hay varitas mágicas para combatir y derrotar a las enfermedades, pero no hay atajos para el conocimiento. El único camino es la Ciencia, mucha Ciencia."




Esta entrada participa en la Edición XXXVI (Edición del Kriptón) del Carnaval de Química, cuya anfitriona es Toñi Martínez en su blog cafedeciencia
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Posted on lunes, junio 23, 2014 by Héctor Busto

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21 junio 2014

Esta semana hemos desarrollado dos actividades dirigidas a la difusión de la Química entre los más pequeños. Ambas actividades las habíamos realizado con anterioridad, pero en esta ocasión han sido consecutivas y con diferentes matices.

Por un lado, y siguiendo con la implementación de la Realidad Aumentada en la enseñanza de Química, nos hemos ido con la tecnología al Colegio público Vélez de Guevara. Jorge y Enara de CreativiTIC y yo de la Universidad de La Rioja. Además en esta ocasión, me he liado la manta a la cabeza y he sido yo el que he desarrollado la clase a niños de 5º de Primaria. Un lujo.

Es importantísimo que de vez en cuando, la universidad se acerque a los coles de primaria. Solo con eso la expectación y atención de los niños ya se ve incrementada de forma considerable. Si además se imparte una clase de Química asistida por la Realidad Aumentada, la cosa difícilmente puede salir mal. Cuando se de clase a niños de primaria aparecen brazos en alto queriendo contestar aquello que el profesor pregunta. Y aparecen brazos en alto para preguntar las cosas más insospechadas. Os dejo alguna de las fotos de la clase. Las dos últimas son una muestra de sus respuestas a una breve encuesta. Lo tienen claro!











Por otro lado, al día siguiente, e igual que hicimos el año anterior, las niños de 1º y 2º de Primaria del Colegio Caballero de la Rosa vinieron a los laboratorios de la universidad. Ponerse la bata, las gafas y los guantes, ver (y admirar) unas cuantas demostraciones de Química, y por supuesto, hacer con sus manos pequeños experimentos. Os dejo también unas cuantas fotos.

La universidad en un colegio de Primaria enseñando Química con nuevas tecnologías. Un colegio de Primaria en la universidad viendo y realizando experimentos de Química. Dos acciones y un objetivo común. Acercar la Ciencia y la Química a los más pequeños.





Posted on sábado, junio 21, 2014 by Héctor Busto

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